Aunque si Roma atrae un gran número de visitantes por su importancia central, la región Lacio goza de un importante flujo turístico debido a que ofrece una gran variedad de recorridos históricos, culturales y arqueológicos.
Comenzamos desde el norte sobre las huellas de los misteriosos y fascinantes Etruscos, rivales de piel de los romanos, cuya espiritualidad se expresa en las bellísimas y evocativas necrópolis. A las más importantes pertenecen las ruinas de Vulci en el límite con Toscana, de donde provienen los mejores ejemplos de manufacturas en bronce. Más al sur en Tarquinia está una de las más importantes necrópolis jamás descubiertas, famosa por las emocionantes pinturas murales sobre la vida y costumbres de la vieja Etruria. Se continúa por Cerveteri con una necrópolis relevante sobre todo por su elaboración arquitectónica: las tumbas están construidas en el mismo estilo de las casas etruscas con una visible evolución de las formas desde las más simples a las más desarrolladas existentes entre el siglo VII y el II a. C. En el interior, al centro mismo de la tierra etrusca, bellos paisajes alrededor de los grandes lagos de Lacio se entrelazan con pintorescos pueblos antiguos, inmersos en la paz de la naturaleza.
Una estancia en Roma puede ser enriquecida con visitas a las zonas limítrofes: al este, cerca de las cascadas de Aniene encontramos Tívoli con las imponentes ruinas de la Villa de Adriano (Siglo II/I a. C.); al sur cerca de Palestrina podemos visitar los restos del lugar de culto pagano Fortuna Primigenia (Siglo II/I a. C.); al oeste en la zona de las Colinas Albani, se pueden visitar los Castillos Romanos, antiguamente residencia de la aristocracia y los Papas.
Los pueblitos de los Apeninos, aunque si son menos frecuentados no son menos bellos: en Subiaco por ejemplo, vale la pena visitar el Convento de los Benedictinos S. Scolástica (Siglo XI/XVI) y el Monasterio de S. Benedetto (Siglo XII), construido sobre la gruta donde vivió el Santo. Cerca de Ciociaria se encuentran las famosas Termas de Fiuggi: se sigue por Anagni, donde cayó prisionero el Papa Bonifacio VIII y por Ferentino, Alatri y Veroli cerca de la Abadía Calamari.
Todavía más al sur, en Priverno no hay que dejar escapar la Abadía Fossanova (Siglo XIII) con sus maravillosos claustros. Desde aquí se llega al Parque Nacional del Circeo cerca del Mar Tirreno. En Terracina sobre la costa se encuentra el Duomo Medieval y las ruinas del Templo Giove Anxur (Siglo I a. C.).
Es muy bonita la Gruta de Tiberio, según la leyenda lugar de distracción del emperador, y la iglesia renacentista S. S. Annunziata en la cual hay una capilla con valiosas decoraciones en estilo renacentista.
Dirigiéndose hacia el interior se llega a la Abadía de Montecassino, trágico recuerdo de la Segunda Guerra Mundial. Fue casi totalmente destruida en el año 1.944 y luego reconstruida según los planos originales.
Los lugares de descanso preferidos por los romanos para un tranquilo fin de semana o para las vacaciones de verano son: Santa Marinella, Ladispoli, Fregane, Lido di Ostia, Tor Vaianica, Lavinio, Anzio, Nettuno, Lido di Latina, San Felice Circeo, Tarracina, Sperlonga y Formia así como también las rocosas islas del Archipiélago de Pontino “Isla de Ponza”, con una maravillosa vista sobre el Golfo de Gaeta. A Ponza y Ventotene se puede llegar solo en barco desde Terracina, Anzio y Formia están deshabitadas.
Lacio posee además un lugar famoso donde se pueden practicar deportes invernales, Terminillo a 2.216 m, situado en las llamadas montañas de los romanos en la provincia de Rieti.